10:41 MUY LIGHT

El fútbol no es sólo físico, sino también geografía. La buena y efectiva utilización de todos los espacios del terreno, acondicionando la idea inicial a la que se pregona luego en el partido, o adecuarse a las preguntas que el rival te pone sobre la mesa. Cómo se defiende cuando te atacan, y cómo se ataca cuando me defienden, y cómo me sobrepongo a las diversas variables que se dan en 90 minutos.
En ésto falla el Boca del Bichi Borghi. En que, de la idea primigenia tacticista pregonada por el DT, balbucea en la falta de conceptos y de formas para hacer de este esquema una realidad concreta. Sin un conductor que direcciones la línea del balón, y que se haga eje en su buen uso, All Boys le plantó dos líneas de 4 bien pegaditas, con el juego por la derecha del tándem Vella-Perea siendo salida, y con Barrientos como el contención que salía a presionar el primer pase xeneize. Arriba, sólo Matos como referencia inamovible, porque Ereros se tiraba atrás para conectarse en el circuito futbolístico.
Battaglia se hacía patrón en el medio, y lo liberaba a Méndez para que maniobre unos metros más adelantado, y abastezca junto con el pibe Cañete a los de arriba. En la primera etapa, la globa era propiedad de Boca, pero sin ese cambio de ritmo útil para vulnerar la resistencia aurinegra. Tampoco era ancho, y prácticamente, caía siempre en el embudo de buscar con bochazos a Palermo.
A los 29’, cuando ya el trámite se tornaba espeso y hasta mal jugado, Matos se fabricó su propio espacio por el lado de Insaurralde, y cuando eludía a Lucchetti, éste lo bajó dentro del área. Evidente infracción que Abal no omitió. El propio goleador sentenció desde la pena máxima para poner arriba al Albo.
Boca no ganaba en los mano a mano. Ni Cañete conducía ni Mouche desequilibraba por las bandas. Con los carriles con tela de araña por el desuso, los caminos para lograr la igualdad eran pocos y estaban vedados, por la propia impericia. Y lo de All Boys era sencillo, sin realce en los modos, pero con el libreto táctico bien llevado a la práctica.
Ya había avisado Perea de cabeza, y a los 39’, de un corner del uruguayo Rodríguez, Edu Domínguez, en absoluta soledad, frenteó el balón esquinado, haciendo inútil la volada de Lucchetti.
En Boca, no se vieron sociedades, pares que se buscaran para cambiar la pálida imagen. Cambiaba de piezas en el complemento, mutaba de esquema pero, las consecuencias fueron las mismas: un equipo light, sin argumentos evidentes para sobreponerse al formato que el trámite del partido le marcaba. Ni hablar de tener un resquicio de claridad para elucubrar un sendero para la remontada.




IVÁN ISOLANI