0:38 VAMOS LAS BANDAS

Eso es lo que deben estar pasando por las cabezas de ambos entrenadores, al ver que, por donde más tránsito debería haber, y por donde deberían pasar los mejores momentos de estos equipos, hoy por hoy, poquito y nada ofrecen. Y claro, los argumentos ya no son los mismos y las formas se hacen más forzadas.Y por eso, más la tibieza para crear espacios y circuitos de juego lo suficientemente resistentes al rigor táctico, Banfield y Estudiantes igualaron 0 a 0 en la bienvenida de la Tercera fecha del Torneo Apertura. No mucho más para agregar, además del color y el calor que aportaron sendas monadas, pese al escaso nivel de juego mostrado por los equipos.
En apariencia, el Pincha disponía de 5 defensores netos en cancha pero, cuando el equipo tenía la pelota, Fede Fernández y Rojo eran profundos y agresivos en sus escaladas por las bandas. Y en el retroceso, no quedaban a la misma latitud que los 3 centrales, tomando a los carrileros que venían de frente. Con Braña como un líbero de los otros volantes, sólo y muy pegado a la línea defensiva. La bruja por el centro enlazando, y por los costados, la libertad para moverse por todo el frente de ataque para Pérez y, en menor medida, Benítez.
Lo del Taladro resguardaba más a una continuidad. Con Sardella patrullando delante de los defensores, y con la sociedad por el embudo entre Erviti y el Chirola Romero. Con los dos aleros por los costados –destinados al desequilibrio individual, y también estratégico-, la línea de mediocampistas pincharrata era la que imponía condiciones en el cómo y por dónde jugar la pelota y armar el circuito futbolístico.
Como se dio en casi todo el encuentro, Banfield corría y Estudiantes la hacía correr. Con la movilidad y maleabilidad de los carrileros para oficiar de soportes en ambas mitades del terreno. Con el permanente sacrificio del Chapu para solventarle dolores de cabeza a los de atrás, el conjunto platense se adaptaba mejor al contexto y llenaba más casilleros del formulario del gol.
En el complemento, Banfield mostró las uñas y se reveló, por instantes, a la férrea oposición que el visitante le planteaba. Con algunas apariciones de Erviti, o con algún anticipo del Tito Ramírez ante los centrales, levantaron a la gente. Pero no lograba mayor inquietud para el seguro Taborda.
Porque Quinteros no gravitaba, y Chirola tendía a cerrarse en demasía para ser conductor, y no abrían la cancha por su sector. Así, la anemia en los lugares de definición y esa carencia de un cambio de modos que rompiera con la media del partido, hacía que los delanteros no fueran actores principales en la tarde-noche del sur.
Conforme los minutos, ambos se vieron tan confortablemente seducidos por el no perder, por acurrucarse atrás y no irse derrotados, que Lunatti pitó el final, y recién ahí deben haberse acordado que, por las bandas, estaba el juego en el Florencio Sola.




IVÁN ISOLANI
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