
Que hay que ser moderados. Que son 19 finales. Que todavía se continúa en puestos de descenso. Pero, quién le quita lo bailado a Olimpo de Bahía Blanca, que lo perdía con gol de Víctor López, pero un flor de gol de Vega al ángulo, y en el primer minuto de descuento, Carlos Salom, abrochó los 3 puntos para el Aurinegro. A soñar.
Partido chato, sin brillo. Pese a que en los primeros minutos se intercambiaron situaciones, todas desde la vía aérea. Una vez estacionados los esquemas, se vieron las verdaderas intenciones de ambos. Rolle no aunaba fuerzas y virtudes con Vega para validar las subidas de Fede Domínguez por izquierda, y el desmarque del paraguayo Bareiro, tirado a los costados, era bien resuelto por la limpieza en defensa que procuró el Taladro.
Por el lado de Banfield, el lugar de Erviti seguía vacante. Porque el juvenil colombiano Guillermo, más que ser la aduana y el pasaje natural de defensa a ataque, se ubicaba más como una compañía en el garrote de Rosada. Y la colocación del uruguayo De Souza, estático y cercado por la línea, hacía que tuviera que debatirse entre alguna diagonal para unirse al bloque ofensivo, y no perder su zona de vista en el retroceso.
En el amanecer del complemento, la visita golpeó. Un centro desde la izquierda para que el capitán Víctor López, de anticipo a su marcador, frenteara en el primer palo y abriera el marcador. En la batalla de piernas y tacticismo en el medio, sólo una pelota quieta era capaz de quebrar la decantada paridad, y qué mejor que el defensor que más goles de cabeza tiene en su palmarés.
Con la urgencia del resultado, el aurinegro adelantó sus líneas buscando, a veces sin un circuito ni ideas preestablecidas, pero forzando el repliegue del Taladro. Hasta que, a los 18’, la pésima tarde de Bahía se sacudió con el bombazo del cordobés David Vega, que desde la puerta del área, tomó el rebote y la empalmó de zurda, para dejar parado a Quique Bologna.
La igualdad justificaba, con amplio margen, lo mezquino de Banfield, y las limitaciones del local. Y cuando ya parecía que dividían tablas y el punto mal no venía, Bologna no supo resolver una mediavuelta de Rolle y en el rebote, apareció el ingresado Carlos Salom para empujarla y decretar la locura en el Carminatti.
IVÁN ISOLANI
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