17:50 GAUCHOS DE ALMA-NO-GROSA


Mismos síntomas, mismos problemas de salud, y receta equivocada de la cura. El remedio es el de siempre, intentar subsanar las carencias individuales y en puntos neurálgicos de una cancha con otras drogas, que te suman en un lado, pero te dejan sin presencia en otros. San Lorenzo volvió a ser el equipo que no sabe qué hacer cuando recupera el balón, cómo hacer para que ese esfuerzo de todas sus piezas por tratar de neutralizar a los rivales, puedan desdoblarse y rendir en la faceta ofensiva del mismo modo.
Sin un conductor aparente hasta la entrada de Romagnoli, sin peso dentro del área, y sufriendo en defensa ante la poca gente que utilizaba Tigre para atacar, el modelo de Ramón Díaz una vez más se paseó por un terreno con más dudas que certezas. Tigre lo abrochó de arranque, y después se dedicó a cuidar la quintita. Individualmente, sólo el aguante de Bottinelli salva las papas, porque el resto deja claras faltas de aptitud, y en lo colectivo, nada de nada.
El poblar la mitad del campo no te significa nada, ni superioridad ni contundencia, porque de arranque, en la primera que Cachete Moralez pudo romper con su posición flotante y llegar hasta el fondo, agarró mal parado al pibe Luna y, con un centro atrás, agarró mal parados a los 3 centrales y Jonathan Ferrari con una pifia, la metió en su propio arco. El conjunto de Victoria, compacto, con Teté González manejando toda la zona media y encargándose de tomar primigeniamente de Ortigoza, y dejando a Román Martínez ser el encargado de presionar más adelantado y ser el que se junte más con el trío de hombres desparramados unos metros más adelante. Galmarini y Leone hacían ancho al equipo por las bandas, y Stracqualursi las peleaba todas ante los centrales, secundado por Moralez.
En el complemento, volantazo del DT, adentro Romagnoli para intentar abastecer a los puntas, y salir a buscar la igualdad adelantándose en el terreno. Tigre se refugió en su mitad del campo para intentar cubrir los espacios en los tres cuartos, y achicar el margen con adelantamiento de los 4 del fondo detrás de los 4 volantes, para tomar en carrera a los hombres del Cuervo que deambularan por las inmediaciones del área de Islas.
En los últimos diez minutos, la mitad de cancha era una zona de poca restricción, con los volantes de San Lorenzo volcados a posiciones ofensivas, y la contra para el Matador, comandadas por Martín Gómez. Pero ninguno de los dos liquidaba nada, porque el pelado era un pacman que se guardaba la pelota y no veía la carrera de sus compañeros, y en el Santo el pibe Pedrozo no tenía la mira ajustada para la primera división.

 


IVÁN ISOLANI