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21:03 CON EL TIRO DEL FINAL


River llenó todos los formularios para volverse con algo más, pero lo terminó perdiendo. Hizo todo para superar con claridad al rival, para someterlo. Todo menos lo más importante, el gol. Sin eso mi viejo, los partidos no tienen definición más que la paridad. O en derrota. Porque los goles que se erran en un arco se padecen en el propio. Situaciones de todos los colores, en una tarde en donde el Millonario fue vertical y profundo, y en muchos momentos le llegó al hueso al conjunto correntino, que zafó por las impericias en las definiciones y por las manos del Gato Sessa, y lo ganó en el descuento con gol del Ogro Núñez.
Como los tres del fondo achicaban a espaldas de los mediocampistas, la posición de Alejandro Domínguez, flotando por los márgenes solitarios, era sustento para enraizar todo el despliegue. El Chori, intermitente y como un semáforo, se prendió poco y se apagó demasiado rápido con respecto a lo que podía serle útil a su equipo. Aguirre, más retenido al lado de Cirigliano, oficiaba de satélite del contención contribuyendo en el equilibrio y también para darle un primer destino a cada salida.
El negocio millonario estaba por los costados, más precisamente por la diestra. Una de las virtudes que supo mostrar la Banda en anteriores presentaciones, y que hoy parecía ser un aspecto a explotar, era la facilidad para arrancar las acciones por una banda, romper con el toque lateral para ser profundo y vertical, y que el punto culmine sea en la definición por el otro sector. En casi todos los pasajes, Sánchez fue para delante sometiendo a Friedrich, a veces secundado por la proyección de Abecassis, aportando la cuota de desborde y abastecimiento para que el equipo generara situaciones netas.
Hoy el uruguayo fue el motor del equipo. Con sentido de profundidad e intentando siempre ampliar el terreno, desde su agresividad y para hacer de su carril una autopista sin oposición que pueda contener, y desde cada una de sus intervenciones, River se fue erigiendo como el único equipo con convicción ganadora en la cancha. Redujo al equipo correntino a no pensar el encuentro, sino a correrlo, presionando muchas veces de manera desorganizada, y a dedicarse ya no a destruir en el medio el circuito de juego, sino a bancar cada vez más replegado al arco de Sessa, activando los anticuerpos sin poder hacer otra cosa al respecto.
Si River no terminó llevándose los 3 puntos del Noroeste, fue por propia impericia a la hora de rematar la cuestión. Imprecisos todos a la hora de la puntada final, ante un conjunto que replegó gente a troche y moche cerca de Sessa, pero que aun así falló a la hora de defender al hombre que llegaba desde atrás rompiendo con el estatismo de los defensores. La Banda se desgastó poco para concebir las situaciones, pero se estresó al momento de definir, y cuando no le erró al arco, encontró en Sessa a la única resistencia correntina.
Sobre el final, un centro bombeado desde la derecha que cayó en el punto del penal, y entre la mala salida de Chichizola y la duda de Maidana, la pelota le quedó por el fondo a Cristian Núñez, que de primera la tocó al arco vacío ante el estupor general. Cómo River perdía este partido, sólo se explica desde la efectividad para traducir situaciones de gol en, justamente gol.

IVÁN ISOLANI
abetsen@gmail.com
 

21:10 ACORDE A SU HISTORIA


Un partido, 90 minutos, pero vaya qué partido. River y Central, dos grandes, dos colosos que por circunstancias del fútbol hoy jugaron en la B Nacional, pero que entregaron un espectáculo de Primera. Intenso cuando fue necesario, jugado al extremo y con mucha decisión por ambos bandos. Central lo ganaba con autoridad, basándose en una presión dinámica que atentaba contra el estatismo del esquema millonario, pero apareció el Chori para habilitar a Cavenaghi y desde el empate de la Banda, hacer resurgir al equipo de Almeyda para terminar a las puertas de la victoria.
En el duelo de pares, de grandes en desgracia, River y Central jugaron, sintieron y respiraron el partido como un acontecimiento aparte, ajeno al torneo. Aguerridos, apretando los dientes para intentar vulnerar al rival desde el tesón y la enjundia para no dar una pelota por perdida.
Tanto uno como otro sabían de las cualidades del otro, es por eso que no salieron a mostrar toda la estrategia de arranque. Central, desde la posición de Rivero por delante del único volante de contención, el uruguayo Mozzo, lograba desarticular desde el trabajo de presión t anticipación, al doble pivot central millonario y entorpecer la gestión del rápido y peligroso armado del juego.
Cirigliano poco participativo en ese primer pase, sufrió, al igual que Aguirre, la superpoblación y el congestionamiento de remeras azul y amarilla en el Ecuador del Monumental. Bien tomado Sánchez, Ocampos ausente hasta el quedo Canaya, Central logró neutralizar al Millonario en base a una presión en bloque, y en sectores clave estudiados de antemano.
Central, abroquelado y enfocado en su plan, se hizo fuerte en la geografía del campo. Desde la actitud, desconectó e interrumpió las sociedades que en la Banda son vitales. Acondicionó su ideal inicial, sin renunciar a sus buenas intenciones- a los quilates del rival, y activó sus anticuerpos para reducir el potencial opuesto y poder ser quién tome la batuta del trámite entre tanta fricción.
Y golpeó en el momento preciso, a la entrada del complemento. La pelota, para entrar, debe sí o sí pasar por el filtro de los jugadores, con todo lo que eso conlleva. La visión del juego surge del trajinar, pero la lucidez y las corazonadas explotan desde la rebeldía. Esa corazonada persiguió Rivero, que cuando parecía diluirse el peligro ante tanto contrario rodeándolo, trazó un puente perfecto para el goleador Castrillejos, que en soledad giró y acomodó su remate pegado al palo para concretar en el marcador todo lo hecho.
River volvió a naufragar, a mostrar cómo le incomoda que los rivales le hayan identificado una manera de jugarle. Presionándolo bien encima a los encargados de realizar la transición de defensa a ataque. Pero River continúa siendo River. Jugando mal, no teniendo volumen de juego, pero tiene en su haber calidades, hombres de apariciones. Cuando más empujaba al rival, que ya sentía el quedo en lo físico por las altas temperaturas y había cedido terreno y pelota, el Chori Domínguez encaró y vio la diagonal de Cavenaghi, bien tomado hasta el momento por los centrales, pero esta vez, se le escapó en la persecución a Mozzo, y la punteó ante la salida de Broun para decretar el empate.
Podría haber sido para cualquiera de los dos, pero fue empate. Estuvieron acorde a las circunstancias, a lo que uno esperaba de ellos. Dos equipos fuertes, de carácter, con argumentos para estar donde están, peleando en lo más alto.


IVÁN ISOLANI
abetsen@gmail.com

18:46 RIVER, ANTE LA ADMIRACIÓN Y LA PUNTA


River se trae un triunfazo desde Madryn por varios motivos. Por el reducto, pequeño y propicio para fundamentar la falta de espacios con la que se encontró y tuvo que convivir. Por el rival, que naturalmente asumió su papel de reparto e intentó ahogar en base a la rispidez y la pierna fuerte al circuito de juego del equipo de Almeyda. Y por River mismo, que venía de sufrir una dura derrota y debía asumir este compromiso de riesgo para soñar con la punta del torneo.
En la jerga se piensa cuando asoman este tipo de enfrentamientos, que en cuanto el más poderoso concreta el primero, el resto llegan solos. El tema es hasta que se rompe la paridad. En igualdad de condiciones, y jugando con las dimensiones reducidas del Raúl Conti, Guillermo Brown se ordenó tácticamente con dos líneas de cuatro fijas, siempre en su terreno para no permitir que la fluidez del circuito de fútbol millonario se concrete.
Pierna fuerte, mucha lucha, el biotipo favorecía al local, porque lo de La Banda pasa más por la buena utilización de la pelota. Aguirre intentando crear y gestionar esa movilidad con la que su equipo suele nutrirse, cada vez que buscó hacer amplio el terreno con Sánchez y Ocampos, provocó lo mejor. Por el centro, todos los caminos abnegados por la férrea marca de Aciar para contener y las espaldas cubiertas por las entradas y salidas de los zagueros.
Cuando el panorama se presenta complicado por lo bajo, las pelotas detenidas suelen ser cruciales. River se encontró con el puntapié inicial de la goleada por esta vía, cuando por lo bajo no alcanzaba a ser del todo sólido y constructivo. El pibe Ocampos se metió en el área chica como una tromba, y por el primer palo anticipó a todos, incluso al arquero Pereyra, para desviar un envío del Chori Domínguez y clavar un cabezazo tremendo al ángulo.
Desde este hecho, todo fue más sencillo para el conjunto de Núñez. Consolidó su idea de juego ante un rival que ya no encontraba en la presión la fórmula para estabilizar las diferencias entre uno y otro. Y River, como viene ocurriendo desde que comenzó su periplo por la B Nacional, a partir de ir ganando, acrecienta su verticalidad y establece la superioridad.
El segundo tiempo sirvió para florearse, para soltar todo el potencial goleador y resolver la cuestión. Rápido, casi a los 20 segundos, el Chori Domínguez marcaba el segundo y ponía la tranquilidad. Ya no hubo duelo, porque el Millo mostró en la práctica todo su potencial ante la creciente ola de espacios que concedía Guillermo Brown.
Cavenaghi, el goleador del torneo, apareció dos veces en el partido y facturó en las dos. En la primera para poner la puntita del pie y pescar un rebote largo del arquero Pereyra, y el póker tras un derechazo por lo bajo desde fuera del área.
River hizo la lógica. Tras el primero, sobrevinieron los otros tantos. 
El descuento, para no irse zapatero, los convirtió desde los doce pasos Bottino. También necesita aprender de estas experiencias, del interior, de las canchas chicas y el público agradecido y hasta admirador.


IVÁN ISOLANI
abetsen@gmail.com
  

22:49 EL DECANO DICTÓ CÁTEDRA EN EL MONUMENTAL


Muchos lo intentaron, pero algo del plan siempre les terminó saliendo mal. O por alguna aparición individual, River siempre terminaba pasándola raspando. Hoy se conjugaron dos cosas determinantes: una actuación íntegramente perfecta de Atlético Tucumán, y la impotencia mezclada con serios asteriscos en todas las líneas -especialmente en la retaguardia- del Millonario. Una banda. Hoy River fue una banda, que pereció ante un conjunto enfocado en lo suyo, presideñado para explotar los errores del rival y maximizar esas falencias.
Incómodo, desatento, tan propenso al error que quedaron retratados en los goles tucumanos, desaciertos en lo individual como el andamiaje colectivo. El encuentro fue como un reloj de arena, con todo el peso de un lado, y el otro completa y notoriamente vacío.
River no defendió ni tampoco forjó esa agresividad en ataque demostrada en Jujuy. Padeció todos y cada uno de los movimientos estudiados de la visita. El mediocampo tucumano, lejos de estar estático, buscó y logró entorpecer el rápido tránsito del circuito millonario de mitad de cancha hacia delante. Con Iuvalé como el bastión más retrasado para barrenar hacia los costados por si era superada la primera y más importante de las líneas conceptuales del equipo, la presión constante sobre los encargados de llevar adelante la transición millonaria hacia posiciones ofensivas.
A los 14’, Atlético apostó a replegarse y atraer al rival, para que sume a los laterales al ataque y, poder salir de contra y jugar a los espacios vacíos. La inició Barrado por el centro abriendo para la derecha, donde Montiglio comandó el raid que culminó con un pase entre a espaldas de Maidana para Luis la Pulga Rodríguez, que  definió cruzado ante el inútil cierre de Román y la poca oposición de Chichizola. Emplazado en la actitud colectiva, con mucha contrición para pelar cada pelota con vehemencia, Atlético Tucumán parecía encontrarle la mano a uno de los punteros del certamen.
Y a los 23’, un error que sólo comenten los faltos de minutos como el paraguayo Román, que la quiso parar y la pelota le pasó por debajo de la suela, y con suma tranquilidad, Montiglio la paró y definió de zurda al primera palo. Se pellizcaban en la tribuna los casi 4 mil tucumanos. Un planteo milimétrico, pergeñado por el Chocho Llop a la medida de las circunstancias, identificando los sectores por donde vulnerar al contrario, maximizando los errores en la transición a posiciones defensivas, sobre todo por los carriles.
El Millo quiso ser agresivo, pero la presión a la yugular misma del génesis de su circuito de juego, desnudó todas las falencias de un equipo diseñado para ser el protagonista en la tenencia de la pelota, y desde ahí disponer de las variables del juego. Un compendio de equivocaciones groseras, algunas voluntarias y otras provocadas por la inquietud del Decano, que al estar siempre presente para atosigar al portador del balón en todo momento, logró lo que nadie había logrado, quitarle el chiche preferido al equipo de Almeyda, la pelota. No se la disputó, fue más allá, se la tomó sin mediar si quisiera permiso.
Cuando el DT metió el volantazo natural ante semejante primer tiempo, el equipo de Núñez obtuvo la posesión y los medios para merodear el área de Ischuk, pero nunca pudo enhebrar situaciones medianamente comprometedoras para la cómoda distancia en el marcador. Producto de la impericia y la falta de argumentos del equipo, que movía el árbol y no caía nada, y también por mérito de las gestiones defensivas del conjunto tucumano, que cuando el físico se desgastó, apeló al ensamble de las dos líneas de 4 para crear anticuerpos defensivos y eyectar al estrellato a los centrales, fajándose con todo y todos tanto Mosset como el uruguayo Barone.


IVÁN ISOLANI
abetsen@gmail.com

21:05 LA FIESTA DEL CAVEGOL



La victoria de River Plate no se objeta. No se puede objetar. Por diferencias sustancias e insalvables con el rival, que nunca pudo hacerle sombra. Porque Cavenaghi brilló en toda su magnitud para cerrar un póker implacable, y porque por momentos, cuando apretó el acelerador, mostró y demostró que la categoría le queda chica. Pero hay que introducir en el análisis también, que River comenzó ganando por un grueso error del árbitro Pablo Lunati, que cobró un penal inexistente del arquero Crivelli al Chori Domínguez. Si influyó o no en el desarrollo del encuentro no lo sé. River mereció golear, y lo hizo. Se rehízo de su primer traspié en el certamen, y con suficiencia, paseó por el norte argentino.
El monopolio del terreno y del balón fue íntegro de La Banda. Predispuesto para atacar en todo momento, con variantes en varios sectores claves y una tendencia marcada para utilizar mayoritariamente el sector derecho, con Sánchez más retenido cooperando con Cirigliano en la marca, y dejando el carril libre para que Abecassis suba y preocupe más al pelado Sagarzazú en el retroceso para marcar.
Estableciendo el circuito de juego en campo contrario, el Millonario iniciaba todos sus embates con Cirigliano, el patroncito del medio, que bancaba la parada saliendo a cubrir los costados y dándola siempre redonda al compañero suelto. Ni el Chori Domínguez ni Andrés Ríos entraron en la sintonía de lo que la situación pedía, alejados uno del otro y con pocas asociaciones juntas. Ocampos tampoco entró mucho en contacto en el andamiaje ofensivo, porque el equipo no atacó simple y llanamente por la izquierda, sino que volcó sus fuerzas por el otro costado, pero esa superioridad cuantitativa en la mayoría de los espacios no se traducía en situaciones concretas de gol.
En el momento en el que la presión de la visita comenzaba a mermar, y el Lobo jujeño comenzaba a sacar la cabeza para ver el panorama, Lunati –sí, Lunati- se encargó de sentarlo de un chirlo y mandarlo a un rincón castigado. Lo peor de un árbitro no es el equivocarse, porque es humano y la posibilidad de interpretación es personalista. Pero, el pecado es cobrar algo que, sencillamente, nunca pasó. A los 22’, el Chori Domínguez apretó en la salida a Ferreyra y en el momento en el que iba a eludir a Crivelli, éste se estiró y alcanzó a quedarse con el balón en su poder. Lunati juzgó que lo tocó en la estirada, y cobró penal, que el goleador Fernando Cavenaghi se encargó de convertirlo en gol.
Es cierto que este hecho polémico se roba todos los flashes, pero también hay que sostener que no era injusta la ventaja. Porque Gimnasia planteó sus bases esperando, compactado para poder salir rápido de contra con la comandancia de Luna y con los costados como punto de apoyo, pero el partido nunca le habló el idioma que el Lobo pensó que podía surgir. EL medio nunca se equilibró, aunque Sagarzazú y Ferreyra fueran más marcadores bis por las bandas y no los punzantes que suelen ser. Además, la predominancia millonaria en el medio, con Cirigliano a la cabeza, le impuso un ritmo al juego que nunca supo cortar o bajarle la intensidad el rival, retrocediendo siempre por detrás de la línea de la pelota y concediendo groseros espacios a sus espaldas, aprovechadas siempre por Cavenaghi.
Uno esperaba un atisbo de reacción del local, pero apareció, en todo su esplendor el Cavegol. Recibió como enganche, con campo y tiempo para armar la maniobra por detrás de la línea del volante central. Encaró y con suma facilidad eludió a Díaz, y con el cuerpo fue armando el remate con el borde interno para abrir el pie y colgarla a media altura de un Crivelli indefenso.
Con las diferencias establecidas, Gimnasia de Jujuy expuso al máximo sus falencias al intentar salir en busca de un descuento, y River, regulando pero nunca dejando de insistir en esa calle peatonal por detrás del volante central jujeño.
El tercero fue estéticamente una maravilla. Un taco a lo Crespo, o a lo Cavenaghi. Una contra que involucró más a atacantes que a defensores, manejada por el propio Fernando, que esperó que le pasara Sánchez por la derecha para buscarlo sin egoísmos. El uruguayo le devolvió gentilezas, y el remate cruzado pegó en el palo y salió rebotada para la posición de Sánchez, que encontró al Torito en el punto del penal, utilizando una definición poco ortodoxa pero bellísima, un taco que entró por el segundo palo.
Casi sobre el final fue del lateral Leo Minici, que acompañó una jugada que iba por el sector antagónico, y a través de un centro de Saucedo por lo bajo que la defensa no supo despejar y Chichizola acompañó sin comprometerse, permitió al defensor marcar el gol del honor. Y en el tiempo de descuento, Aguirre habilitó a Cavenaghi por el centro del área, sin defensores cerca, y con tiempo esperó que el arquero se tirara y definió con el arco libre.




IVÁN ISOLANI


15:47 EL CALOR LO PONE EL CANAYA



Una victoria de ilimitada magnitud. 3 puntos, nada más. Pero por el desarrollo del encuentro, por la rápida expulsión de Ballini, por el calor que obligó a sacar energías y a extremar esfuerzos para no dejar rengo al equipo, hicieron que este 1 a 0 en el Ducó, le dé la pauta a Rosario Central que está para pelear cosas importantes. El incansable Gonzalo Castrillejos, aprovechando un error grosero en la salida del arquero Monzón, permitió que el Canaya
quedara bien cerca del lote de punteros.
Un partido chivo para ambos. Porque Huracán trata de imponer su juego, con volantes de buen toque y mucha habilidad. Central salió a repeler esa buena posesión, y a disputársela, con la presencia de Rivero para tratar de hacerse eje en a espaldas del negro Leiva y explotar el buen momento de Medina y de Castrillejos.
Demasiado temprano, los planes cambiaron radicalmente. Una plancha brutal de Ballini sobre Battaglia dejó a la Academia con uno menos. Mucho tiempo para tener que desgastar la máquina y tratar de que el calor y la alta temperatura no sopese en el rendimiento.
A los 29’, cuando los hombres del fondo Quemero estaban aprontándose para atacar, Monzón intentó salir con la mano para la izquierda, con tal error que rebotó en Castrillejos que estaba merodeando por ahí, y con una dosis grande de fortuna, la definición algo mordida del goleador, superó la estirada del arquero y la posición de Filipetto en la línea del arco, que le pifió y permitió que el compendio de errores se cerrara con moño y todo.
Encima, a los 33 minutos, el propio Filipetto empardó las acciones yéndose expulsado por doble amarilla. 10 contra 10, las necesidades obligaron al conjunto de Parque Patricios a tener que aunar esfuerzos para buscar la igualdad. Y a desprotegerse atrás, dejando espacios para que la velocidad de Medina y la picardía de Castrillejos complicara a la línea de 3 que improvisaba Cocca en el fondo.
Central resistió, por malas definiciones de los delanteros Quemeros, y por las buenas intervenciones del melli García. En tanto Huracán, finalizó con más dudas que certezas.


IVÁN ISOLANI

22:33 PRIMERA DERROTA MILLONARIA



Ya hemos visto partidos como éste. Pero lo que cambia es el desenlace, el epitafio de la obra. River ya había coqueteado con la derrota, la primera e inédita en esta nueva categoría, pero siempre la bala picaba cerca, como suele decir Víctor Hugo Moralez. Esta vez, el resultado va de la mano con la mala tarde tanto individual como colectiva. Hoy al equipo de Núñez le salieron todas en contra de lo que intentó. Perdido en el terreno, no identificó la manera de salirse de la mala, y encima, cedió la punta del torneo para Instituto.
Es cierto que la labor de Aldosivi no fue mejor que la de otros conjuntos que enfrentaron al Millonario y lo tuvieron en jaque. Sí contó con el guiño del destino, por que hoy se vio el costado más oscuro y negativo del equipo de Almeyda. Opaco, desteñido, desabrido en todos sus costados y sus facetas, River nunca tuvo el dominio del trámite, pese a terminar regando el terreno de hombres con características ofensivas.
A través del aprovechamiento de los obvios y hasta alevosos espacios que el adelantamiento millonario concedió. Sólo Ledesma para bancar la parada en la mitad de cancha, y con los laterales subiendo sin retroceder con la misma contracción, Carrasco exprimió la espalda del Tano Bella para llevar mucho peligro al arco de Chichizola.
La apertura del marcador vino por la bendita pelota parada. Un córner bombeado que fue superando a todo el mundo, y encontró al pelado Iván Furios sólo, y con un buen cabezazo de sobre pique, superó la estirada estéril del 1 Millonario.
A partir de ahí, Almeyda desplegó toda su mano como DT para mandar al Chori Domínguez en el inicio del complemento, para juntarse con Ríos y con Cavenaghi y armar sociedades por detrás de la línea de volantes marplatenses. Hasta que, en una jugada que no reviste polémica, el juez Pablo Díaz vio lo que no se vio. Juzgó infracción de Furios sobre el Chori, cuando claramente el delantero pileteó ante la llegada del defensor. Cavenaghi se encargó de patearlo al medio para asegurar la igualdad.
Sumando hombres de corte ofensivo, el problema radicaba en cómo hacer la transición para replegarse con la misma intensidad con la que se buscaba la victoria. Y Aldosivi, con más premura por conservar lo obtenido hasta el momento, elegía mejor los momentos para romper con ese orden defensivo para salir disparado de contra.
A los 38’, otro córner que se fue abriendo, para que Walter Zunino anticipara a Bella y marcara el segundo y definitivo tanto. Sorpresa en el Gasómetro, alegría desmedida e incredulidad en los guapos que se vinieron desde la Perla del Atlántico para ver algo que sólo pasaba en la imaginación.
De esta manera, River recibió el primer cachetazo en la categoría. Una derrota que deja enseñanzas. Había subsanado falencias y evidenciado una mejora evidente. Pero, un tropezón, no es caída.


IVÁN ISOLANI

16:33 EL CANALLA NO QUIERE QUEDARSE FUERA DE LA PELEA



Por la duodécima jornada del Nacional B el elenco de Rosario Central superó por 3-0 a Ferro en calidad de local con goles de Antonio Medina, Gonzalo Castillejos y Federico Carrizo. Con dicho triunfo el conjunto rosarino acumuló 20 unidades y quedó a cinco puntos de Instituto, actualmente el líder provisorio hasta que River juegue su partido con Aldosivi.
Ferro, para sorpresa de muchos, salió a buscar el partido desde el primer minuto ya que en caso de ganar se ubicaba a tan solo tres puntos del puntero. Tomó la posesión del balón y lo hizo correr aprovechando cada centímetro del Gigante de Arroyito e intentando cansar al local.
Evidentemente los de Caballito nunca pudieron inquietar a la defensa rosarina pero si le arrebataron la pelota y la iniciativa. Los Canallas tardaron en acomodarse frente al sorpresivo planteo verdolaga y apostaron más al contragolpe que al juego asociado, fue por allí por donde tuvieron la más clara los rosarinos a través de Ricardo Gómez quien estrelló un remate en el palo izquierdo.
Con el correr de los minutos los de Antonio Pizzi fueron ganando terreno y teniendo cada vez más en su poder la posesión de la pelota, esa levantada rápidamente le dio su fruto y a los 37 minutos abrió el marcador Medina que después de varios rebotes pudo empujarla al fondo de la red.
Casi desde el vestuario, a los 7 del complemento, volvió a golpear el Canalla a través de Castillejos que puso un 2-0 prácticamente definiendo las acciones. Luego al minuto 34 Carrizo dilapidó todo intento verdolaga a través de un buen zurdazo por el que nada pudo hacer el arquero Carlos De Giorgi.
Los de Mario Gómez claramente tuvieron la iniciativa pero jamás pudieron sacarle provecho a esa posesión y luego se encontraron con un Central acomodado y efectivo frente a cada situación que tuvo. Indudablemente era Ferro quien más se podía acercar al líder en caso de conseguir la victoria pero se encontró con un verdadero Canalla que no solo no lo dejó sumar sino que además lo pasó en la tabla de posiciones y quedó cerca del primer pelotón.




CRISTINA LA ROSA